Calmado, tranquilo, escuchas lo que quiero decirte. No tienes prisa, ya lo has vivido todo, lo sabes todo, nada que pueda contarte te va a sorprender. Conoces los sentimientos más profundos del ser humano, porque son los tuyos mismos, ya los has vivido antes. Pero todavÃa quieres vivir más. Sientes que todavÃa puedes exprimir más a la vida. A esa vida que a veces te ha resultado esquiva. La palabra "resignarse", no forma parte de tu vocabulario. ¿No volver a sentir el amor? Ni siquiera te lo planteas Porque... ¿qué sentido tiene la vida sin unos brazos amantes que rodeen tu cuello...? O... ¿unos labios tibios que besen tu piel...? O... ¿un cuerpo suave que se acople al tuyo en completa libertad...? Ninguno, me dirÃas si te lo pregunto. Y es eso lo que yo pienso, amor. La vida no tiene ningún sentido si tu no estás conmigo. Si no estás ahà para escucharme, para apoyarme, para pedir que me ayudes, que me ames, que no te alejes de mi lado, aunque ahora me sientas lejos. Nicol http://www.youtube.com/watch?v=fHYvofx9yGw
La mejorÃa de mi mano, y la llegada definitiva de la primavera, me mantienen muy ocupada en mi jardÃn (el de mi casa). Estaba muy descuidado, porque no he podido atenderlo; pero ahora ya va tomando otra vez su forma y las flores nuevas van llenando los rincones junto con las rosas que lo bordean. Este año, mi pequeño huerto, todavÃa será más pequeño que el año pasado. Solo voy a plantar lo que más rendimiento me dio, a saber: Unas matas de pimientos choriceros, berenjenas, lechugas y tomates. Las acelgas han vuelto a renacer, y las seis matas que tengo me dan de sobra para mi. TodavÃa tengo que esperar un poco para plantar, pues aquà hasta mediados de mayo no se puede hacer con seguridad de que van a buenos frutos. Hoy, además de trabajar, di un paseo muy agradable por la playa. Ya se nota el buen tiempo y la gente se empieza a animar poniéndose en bañador, pero yo esperaré todavÃa. Aplico ese dicho que dice: "Hasta el cuarenta de mayo, no te quites el sayo", aunque si sigue el buen tiempo, lo haré antes. Nicol
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Sentada en un rincón del jardín, veo como un par de golondrinas construyen su nido.
Han elegido uno de los aleros de la glorieta y van y vienen a turnos con barro y ramitas en su pico.
Se toman su trabajo muy en serio, y son unas perfectas constructoras. No en vano, sus nidos son unos de los más elaborados y resistentes.
Han estado revoloteando por toda la glorieta,hasta dar con el lugar más apropiado, y han empezado su trabajo.
Son rápidas, y en poco tiempo, una especie de concha cóncava queda pegada en la esquina que hace el alero del tejadillo con la pared.
Allí permanecerá durante mucho tiempo, si nadie rompe el nido.
Las golondrinas tendrán su prole esta primavera, y después del verano, volarán hasta otros sitios más cálidos.
Pero el año que viene, la pareja volverá a ocupar el mismo nido, si nadie se lo ha destrozado; aún más, lo reforzarán e irá haciéndose cada vez más fuerte y robusto.
Me gustan los nidos de golondrina, y me gusta ver el contínuo trajín que se traen estas dos, haciendo su primer nido. Seguiré pendiente de sus movimientos hasta que nazcan sus polluelos. Ellas no se inmutan porque yo esté aquí. Saben que han edificado suficientemente alto para que no las moleste.
Nicol

La noche me cubre con su manto de oscuridad.
La brisa me trae susurros lejanos que no llego a comprender.
Sombras lejanas de tiempos pasados llenan mi alma de desasosiego, y siento miedo.
Miedo a la soledad, al inmenso espacio que hay entre tu y yo, a esa distancia insalvable que nos separa.
Y en la madrugada, mi miedo, mi soledad y yo, vagamos por el espacio enfinito en busca de la luz del amanecer.
La luz de un nuevo día, el sol que caliente mis huesos y mi alma, para que el miedo desaparezca, y mi soledad ya no sea tan solo mía, sino compartida con la de los demás.
Esta noche tengo ganas de ti, y tu no estás.
Nicol

Hoy escuché una conversación entre dos ancianas, una de ochenta y ocho años y la otra de ochenta y cinco. La primera, mujer muy activa a su edad, hace dos meses más o menos, sufrió una operación sencilla, pero de la que le han quedado unas secuelas que no le permiten desenvolverse con toda la libertad a que está acostumbrada. La segunda, amiga suya, con achaques, algo de sordera, un poco coja, ha venido a visitarla. Intercambiaron sus quejas de enfermedad una a la otra, y en un determinado momento, la anciana de ochenta y cinco años, le dice a la otra:
__Mira, todo esto nos pasa, porque estamos en el invierno, y con este tiempo lluvioso y
desapacible, nos salen a relucir todo nos duele. Espera que ya llegará la primavera y nos pondremos mejor.
__Tú crees? __ le dijo la otra.
__Desde luego! Tú no ves a los árboles, cómo se le caen las hojas? Quién sabe lo que les duele a las hojas caerse del árbol! Porque yo estoy segura de que les hace daño.
Pero luego, mira en primavera, cómo vuelven a nacer otra vez, y qué sanas están! Pues nosotras somos como las hojas de los árboles. En esta época nos duele todo, pero cuando llega la primavera, se nos pasan los dolores.
Debo decir, que las dos tienen sus facultades mentales intactas, a pesar de la edad.
Confieso, que se me han llenado los ojos de lágrimas, porque la otra anciana ha mirado a su amiga con una sonrisa en la cara.
__Tú crees…?
Yo sí me lo creo, aún cuando no lleguen a primavera porque eso no se puede decir con seguridad. Pero es seguro, que cuando los árboles tenga de nuevo hojas, algo del alma de estas dos ancianas estará en ellas.
Nicol