
Hoy mi sobrino, el de 8 años, ha llamado por su cuenta al telf. de emergencias, el 112 y esa iniciativa suya ha servido para que a su hermano lo trasladasen con más celeridad al hospital.
Había sufrido una hipoglucemia y perdido el conocimiento.
Ya he dicho en alguna ocasión, que tengo un sobrino diabético desde los tres años. Ahora tiene diez.
Esta mañana, mientras todos estaban desayunando, ha sufrido un bajón brusco de azúcar y se ha desmayado, cayéndose de la silla. Hasta ahora, estas bajadas de glucosa, habían sido de poca importancia, y de fácil y pronta resolución por parte de los padres. Es algo normal que esté bajo, pero con un zumo o algo de azúcar se normaliza enseguida. Pero la de esta mañana ha sido diferente, según me ha relatado su padre, mi hermano. Parece que el niño, al levantarse presentaba unos niveles bajos en azúcar, como otras veces ha sucedido. Tenían ya el desayuno todos el desayuno preparado, pues acostumbran a desayunar juntos los sábados y domingos, ya que el resto de la semana no pueden hacerlo.
Nada más empezar a comer, mi sobrino se ha sentido mal, como si se ahogase, y de repente se ha caído de la silla al suelo. Su padre, se ha acercado a él para reanimarle, pensando en un posible atragantamiento, mientras, que la madre preparaba el glucagón para inyectárselo. El glucagón es un suplemento extra de glucosa para cuando se sufre coma diabético.
Y es entonces, cuando mi sobrino pequeño, ha cogido el tlf. y ha llamado al 112. Nadie le había dicho que lo hiciese, pero él ha tomado la iniciativa por su cuenta, pensando seguramente que, lo mejor que podía hacer por su hermano, era llamar al servicio de urgencias. Cuando le han contestado, y ha empezado a hablar con ellos, es donde mi hermano se ha percatado de ello y le ha cogido el tlf. explicando a los facultativos la situación, ya que el niño no acertaba a decir la dirección de su casa.
Me han avisado a mi para que fuese a quedarme con el pequeño, ya que ellos se iban al hospital.
Y cuando veníamos para casa, me dice:
___Tita, yo he llamado al 112, porque he visto a mi hermano muy malito y me he asustado. Pero luego me preguntaban cosas pero no sabía la dirección. Solo les he dicho que mi hermano estaba tirado en el suelo y que sudaba mucho y que había perdido el conocimiento.
___¿Te habrás asustado mucho, ¿no..?, ___le he preguntado yo
___Si... mucho...,___ me dice.___ Pero ¿sabes lo más divertido...?
___¿Lo más divertido....? ___le pregunto yo con cara de incredulidad. De este niño me espero cualquier cosa.
| __Sí, lo más divertido ha sido las “tortas” que le he dado a mi hermano en la cara para que se despierte.___ ___¿Que le has pegado a tu hermano? ¿Pero no le habrás dado demasiado fuerte, no? ___Bueno....!! ___me dice___ Es que estaba asustado, y como no abría los ojos y no me decía nada...., pero no le he dado demasiado fuerte. Y además, papá no me ha reñido. ¡Cómo para reñirle, he pensado yo...! Para darle las gracias y un abrazo por la idea de llamar a urgencias en un momento así. Otro niño, quizá habría empezado a lloriquear. El no. Además, ha perdido las ganas de desayunar, al igual que sus padres. Y eso que le gusta el colacao como lo pone él que más parece chocolate. Mi sobrino ya está en casa y afortunadamente, se encuentra bien. Mañana tendrán que hacerle algunas pruebas más para descartar cualquier problema derivado de su percance ya que el coma diabético es bastante serio y puede dejar secuelas. A veces, la publicidad en TV sirve para que niñ@s como mi sobrino, tomen estas iniciativas por su cuenta. Nicol |

La luna plateada con un halo de arcoiris, asoma tímidamente tras los abetos del jardín.
Ilumina tenuemente la noche fría, noche de febrero, noche de invierno.
Tras el cristal de mi ventana, la miro y ella me devuelve la mirada interrogante.
¿Donde está, parece que quiere preguntarme....?
No lo sé, contesto yo de igual forma.
Estará en su rincón, encerrado en sí mismo, en su concha de coral, pensando.
Eso hace siempre. Cuando algo le ronda por la cabeza, y no encuentra solución, se repliega sobre sí mismo y se aísla del mundo. Pareciera que, de esta forma, en silencio, sus pensamientos fueran más nítidos, más transparentes.
Y no se da cuenta, de que yo, expectante, espero una palabra, una caricia, algo que me diga que sigue aquí. Que no se ha marchado.
Pero sé, que saldrá de ese estado más renovado, con más energía. Y dispuesto a la lucha, calmado y pisando fuerte. Porque él sabe lo que quiere. Pero no quiere hacer daño. Y hay veces que la necesidad de ser feliz, hace que otros no lo sean tanto.
Nicol
No se si lo he dicho en alguna ocasión, pero lo voy a hacer hoy.
Soy ya una persona mayor, todavía en activo, pero con tiempo de sobra para dedicarme a hacer lo que realmente me gusta. Y en esas estoy. Decidí, que como no pude terminar mis estudios, ahora era un buen momento para continuarlos, y así al igual que muchos estudiantes, estoy en plena época de exámens.
Acabo de terminar uno de literatura, y como todavía queda media hora para mi siguiente clase, de Inglés, pues he venido a la sala de ordenadores para escribir un ratito aquí. Está esto últimamente muy abandonado, y no puede quedarse así.
Hoy tenemos un día terriblemente frío. Con nieve en los montes cercanos, y aunque vivo cerca del mar, la temperatura es cercana a los cero grados. ¡Qué invierno estamos teniendo este año! La verdad es que yo en mi casa no paso frío, ni en clase, ni en el trabajo. Pero los traslados de un sitio a otro, casi supone un reto. Gorro, (es el primer año que lo uso) bufanda, guantes, por supuesto una chamarra bien gordita, y botas que me protegen los pies del agua. Y es que además, hoy está lloviendo, y un paraguas, que se me olvidaba.
Y es que, yo soy muy friolera, y las manos y los pies se me quedan helados. Por eso, no me puedo olvidar de ponerme unos buenos calcetines de lana, y unos guantes. Pues si tengo los pies fríos, estoy helada todo el día, aunque haya mucha calefacción.
Bueno, se me acabó el descanso. Me reclaman mis compañer@s para la clase de Inglés. Prometo ir contándole mis aventuras como estudiante. Y es que esto de estar en clase con gente más joven que yo, me ha rejuvenecido el espíritu, y me siento casi como ellos. En plena juventud.
Nicol
Quién no ha tenido un amor platónico en la vida?
Puede que alguien me diga que el/ella, no lo ha tenido nunca, pero creo que de este "amor" no nos libramos casi nadie. Puede que conozcamos a uno o más, depende, porque a veces, si somos muy romántic@s o enmoradiz@s, enseguida nos ilusionamos y lo que queremos que sea no puede ser.
Viene esto como introducción a relatar mi primer amor platónico, y que sucedió, ¡cómo no! cuando estaba en la escuela y conocí a mi primer maestro.
Yo tendría unos nueve o diez años, no me acuerdo bien. En realidad, no era un maestro, era un profesor particular que me pusieron mis padres, una temporada que estuve fuera de casa, con mis abuelos. Parece, que la escuela no me iba demasiado bien, y decidieron que me diese clases de matemáticas y gramática. He de reconocer, que desde entonces, son las materias que más me gustan, y en las que mejores notas saqué siempre.
Yo tenía que ir a casa de este profesor, pues no era la única alumna/o, pero si estaba sola con él en las horas que me tocaban a mi. Recuerdo que hacía bastante calor, o sea que supongo debía de ser por la época de primavera, cercana ya al verano, y también en las vacaciones. Iba después de comer, hacia las cuatro de la tarde, y esperaba con impaciencia el momento de llegar a la clase. Mi profesor vivía en la única zapatería del pueblo, ya que su padre era el zapatero oficial. Así es que cuando yo entraba en la casa, lo primero que veía era a su padre sentado en su silla baja, arreglando alguna suela de zapatos. Luego atravesaba un patio, que casi siempre estaba recién regado, y después, tras una cortina, estaba la habitación con una mesa y unas sillas, que era donde mi profesor daba las clases. Recuerdo aquellas dos horas que pasaba allí, como las más felices y deseadas. Me parecía que era el hombre más guapo del mundo, el más alto y el más simpático; y además lo tenía solo para mí durante todo el tiempo. Yo me esforzaba en aprender bien lo que me explicaba, escuchaba atentamente, para no defraudarle cuando me preguntaba algo, mientras le miraba con mi cara de niña ilusionada. Imagino, que él sabría lo que me pasaba, porque esas cosas, que le pasan a los niñ@s, los jóvenes como el, que entonces tenía veinticinco años, y novia, ¡claro! pues lo ven. Y ahora pienso que, supo utilizar muy bien aquella fascinación que ejercía en mí. Me hacía trabajar duro, y cuando llevaba los deberes bien hecho o hacía un dictado sin faltas de ortografía, me trataba de forma muy amable y como si fuese una chica algo más mayor. Y yo por supuesto, encantada, pensaba, que sólo tenía ojos para mí. Y me esforzaba para aprender todo muy bien. Pasaron aquellos meses, y yo volví otra vez a mi casa. Y nunca supe nada más de aquel primer maestro. Reconozco que fué uno de los mejores profesores que tuve, y no porque yo me enamorase de él. Me enseñó y explicó las matemáticas, de una forma excelente, tanto es así, que esa buena base que sembró en mi cerebro, me sirvió despues para entender problemas más complicados. Lo mismo sucedió con los interminables dictados que me hacía hacer, y la lista de reglas de ortografía que tuve que aprenderme, nunca se me olvidaron. Premiaba con una sonrisa, mis dictados sin faltas de ortografía, y me alababa cuando le llevaba todas las tareas hechas. Por que no hay nada mejor para hacer las cosas bien, como sentirse ilusionad@, o enamorad@, aunque sea un amor platónico. Porque eso yo no lo sabía con sólo diez años, porque yo pensaba que era el gran amor de mi vida y que cuando fuese mayor me casaría con él, con mi profesor de matemáticas y gramática. ¡Era tan guapo!
Nicol
Cuando sientas soledad y una lágrima de tristeza resbale por tus mejillas.
Cuando creas que tus amig@s te han abandonado, y parezca que nadie en el mundo puede entender lo que te pasa.
Cuando en vez de recibir halagos, parabienes y sonrisas, sólo veas en los rostros de l@s demás, desprecio, burla o pena.
Cuando, en fin, sientas ganas de abandonarlo todo y volver a la tranquilidad de tu refugio, formado por multitud de conchas de coral que te protegen del exterior con su dura coraza....
En ese mismo momento, es el momento de parar, mirar dentro de ti, en silencio y SER TU.
Ser tu igual a l@s demás, porque tu también, en algún momento de tu vida, habrás hecho lo mismo que hoy te hacen a ti.
No hay que dar demasiada importancia a las cosas, todo se produce en su justa medida y en el momento adecuado.
Nicol
Ahora, en este momento me encuentro triste. Quizá se deba al viento sur que domina el ambiente, o puede que el lento cubrirse del cielo por las nubes, tapando el sol radiante que amaneció esta mañana.
Quizá puede ser la espera de esa llamada de teléfono que no llega, o sentir como está sufriendo un amigo querido y no poderle ayudar. No lo sé. Tampoco voy a reflexionar demasiado el porqué. Voy a dejar que el sentimiento me llene, se expanda y si ha de ser, desaparezca. No voy a forzarlo. Los sentimientos fluyen y si no los dejas salir, se enquistan en el corazón, echando raíces profundas que a veces, no se pueden arrancar.
Hoy, para mí, esta tarde es triste.
Nicol
Tras el cristal dorado de tus ojos, veo esa sonrisa traviesa que embarga mi corazón de alegría.
Tu felicidad, traspasa mi cuerpo y llega a los más recónditos rincones de mi alma, llenando de sentido mi vida.
__Mi niño querido, te digo, ¿qué sería de mi si tu no estuvieras conmigo? Dónde podría encontrar yo otro amor como el tuyo?
Y tu, con esos ojos risueños que hablan sin decir palabras, me miras con cariño mientras me acunas en tus brazos.
__Ya no soy tan niño, contestas, pero mientras tu me quieras lo seré para ti.
Y como brisa movida por aleteo de ángeles, se pasea el amor sobre nosotros dejando caer una lluvia de estrellas.
Nicol